Dulce niña

18 Nov

 

Frágil, pura, inocente y fría como el hielo. Un soplo de viento la balancea, la mece y acompaña en sus sueños…pero indestructible lucha y perpetúa su espíritu. Nada la hace temblar salvo ella misma, su miedo vive, duerme y baila con ella. ¡Deja que salga, deja que vuele y extienda sus negras alas! Ríndete a la oscuridad y siente su frenesí. Ahora ya es tarde dulce niña, has caído en sus redes…bella y psicótica acompaña sus pasos y siente su ardiente tacto. Mi dulce dulce niña…tuya es la gloria, la princesa de los cisnes.

Cisne negro (Darren Aronofsky, 2010) abre la taquilla con todas las papeletas ganadoras. Sorprendente, embriagadora, intrigante, psicótica, lujuriosa, bella, aplastantemente grande…y así hasta miles y miles de adjetivos. Todo es poco para definir la nueva película de uno de los cineastas de nuestro tiempo. Darren Aronofsky pisó fuerte con El luchador (2008), pero con su baile de cisnes se ha coronado y logrado el aplauso de crítica y público. Ahora sólo queda esperar que el próximo día 27 de febrero logre alguna (sino todas) de las 5 nominaciones a los Oscar, incluyendo mejor película, mejor director y mejor actriz.

Desnudando al cisne

Mundo de belleza, pureza y limpieza de las formas, el ballet sorprende y maravilla a quienes lo disfrutan. Cada paso, cada golpe de música hace vibrar y soñar. Pero detrás del telón se esconde un mundo de feroces luchas, donde la competitividad alcanza cotas insospechadas. Sacrifico perecedero el de miles de bailarinas que ansían alcanzar la gloria y ser algún día “la princesa cisne”. Angelicales fieras que no entienden de dolor, de cansancio ni de descanso, más y más…más delgadas, más altas, más bellas, más técnica, más puras, más únicas. Todo son exigencias y sacrificios que cuestan caro.
Pero que bello es cuando todo ha merecido la pena y ven al fin como su sueño nace y cobra vida en el escenario, donde miles de personas van a verte a ti, a ver como les emocionas y haces saltar sus corazones.

Psicótica Portman

Este es su año, Natalie Portman rompe esquemas y deja con la boca abierta a más de uno. Exquisita, sublime y llena de vida es su actuación en Cisne negro. Un año estuvo preparándose para el papel, ejercitando su cuerpo física y psicológicamente, aunque base previa tenía ya que practicó el ballet hasta los 13 años.
Con todo el peso de la película a sus espaldas, nos da muestra de dos caras, la dulce y psicótica Nina Sayers. El espectador siente y padece los tormentos de la protagonista y pierde la noción de lo que es real y lo que es ficticio, producto de una psicosis enfermiza y turbadora, pero deliciosamente atrayente.
Portman consigue lo que muy pocos actores serán capaces de lograr en toda su carrera, seducir al espectador y dejarlo mudo, sin quejas, sin críticas, sólo con ganas de que se cierre el telón y pueda por fin brindar su aprobación. Grande Portman, besa por fin a tu cisne dorado.

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