Críticas, Peliculones

Smile please

Humano, puro e imperfecto. Porque nunca antes un villano nos había producido tanta empatía, pena y lástima. Entrar en su mente, sentir sus miedos, inseguridades, locuras desbordantes… El Joker de Joaquin Phoenix se destapa el alma y nos regala su soberbia y magistral interpretación.

Las expectativas estaban altas. Su León de Oro en el Festival de Cine de Venecia, sus 8 minutos de aplausos tras su presentación en dicho festival, sus numerosas críticas, ovaciones… Todo apuntaba a que estábamos ante uno de los grandes estrenos de la temporada. Ya desde que se conoció el nombre del actor que lo interpretaría, Joker prometía dar mucha guerra.

Dichas expectativas han sido superadas con creces. Joker es puro arte cinematográfico, cada plano, cada diálogo, cada silencio, cada risa, cada golpe. Sencillamente perfecta. Pero todo esto no sería posible sin él, Joaquin Phoenix se lanza al abismo y consigue regalarnos la mejor interpretación del Joker que se haya hecho hasta ahora. También es cierto que nunca antes se nos había mostrado al humano antes que al villano, conocer su esencia es clave para entender su locura.

La esencia de la locura

Estamos ante una trama de ficción, cuyo argumento y personaje principal provienen de un cómic. Dicha fantasía se da la vuelta y presenta al espectador un mundo en el que todos podemos vernos identificados. Crisis, desempleo, desigualdad, inseguridad, políticos abusivos… una sociedad que poco a poco va sumiéndose en un caos irreparable.

Dentro de ese caos se encuentra Arthur Fleck. Pobre desgraciado, trastornado mentalmente, consumido por una sociedad que lo pisotea, golpea y da de lado constantemente. Repudiado y abandonado, sin nada más que su infelicidad y pensamientos negativos constantes, Arthur va dando forma a su locura y abre camino a su lado oscuro, aquel que la medicación mantenía a raya. Su única motivación es poner una sonrisa de felicidad en la cara de la gente, a través de su particular humor.

Put on a happy face

Todd Phillips actúa como maestro de ceremonias y dirige al Joker. Dibuja su sonrisa y acompaña al espectador hacía la transformación más brutal, el nacimiento de la esencia del mal.

Ya lo decíamos antes, Joaquin Phoenix en esta película se ha destapado el alma. Nos ha regalado su interpretación más brillante. A través de sus pasos vamos viendo la evolución del personaje, como Arthur se convierte en Joker y como Joker nace para acabar con todo.

La caracterización física es brutal, los más de 20 kilos que tuvo que adelgazar Phoenix, su aspecto demacrado, sus uñas mordidas, su postura encorvada, sus ropas sucias y gastadas… Su aspecto de enfermo va dando paso al de loco perturbado. El espectador desde el minuto 1 siente lástima por él, se compadece de sus constantes desgracias y un nudo en el estómago hace que nos encojamos ante cada golpe que recibe Arthur. Entendemos su frustración, su rabia contenida y sus ganas de acabar con todo.

La clave está ahí, en entenderlo. Joker no es más que una película de ficción que nos muestra una realidad no muy alejada. ¿Cómo puede alguien así acabar siendo un despiadado asesino? ¿Cómo puede tener una legión de seguidores que darían su vida por la causa? ¿Cómo puede la sociedad ser germen de su locura?

Joker nos muestra dos caras. Porque todos tenemos un villano dentro, nuestros actos son fruto de unas circunstancias que nos han llevado a ello. Gracias a Joaquin Phoenix vemos al humano que hay detrás del villano, la cara del mal, el payaso que dibuja con su sangre una sonrisa perpetua.

Se cierra el telón

¿Se merece el Oscar? ¡Obvio! Phoenix se merece todos los galardones posibles. Pero vayamos más allá, apostemos por Joker como Mejor Película. ¿Es posible que la Academia premie un film como este? Lo dudo… pero personalmente me encantaría verlo. Todd Phillips tampoco se queda corto y su dirección milimétrica se merecen todos los reconocimientos posibles.


Me quedo: TODO. Pero si hay que destacar alguna escena en particular tal vez me quedaría con el momento baile bajando las escaleras. El Joker ya ha nacido y toca levantar bien la cabeza. El Arthur encorvado, tímido… ha desaparecido y ahora entra en escena Joker, un tipo seguro de si mismo, guasón, chulesco y con ganas de sonreír mucho.

Me sobra: lo siento pero no me sobra nada. Siempre me gusta sacar un pero, mostrar el lado crítico, pero en esta ocasión no hay nada que cambiaría.

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